Aprender circo

  El día del cumpleaños del barrio, recibí unas imágenes de las que estoy muy agradecida. Es importante recibir ayuda porque he decidido no googlear imágenes sino que todas provengan de cámaras o celulares nuestros, que sean pensadas y ejecutadas por martellianos.  

  Este zanquista, fotografiado por Vanesa, me atrapó especialmente. Tiene ángel, pensé. Todavía no lo había conocido.

  Pero el martes pasado, en el Club Gaynor, volví a verlo, bajo el tinglado, armando un círculo con los jóvenes que iniciaban las actividades de la escuela de circo.  Se estaban presentando y la magia circense volaba en el aire. Trapecio, tela, payasos, malabares no habían sido usados todavía pero enseguida se notaba que la técnica era una excusa, que lo humano era lo primero. Por eso empezaron con sus nombres, presentándose con el cuerpo entero e imitándose unos a otros. Poco a poco, si alguno venía con inhibiciones, las iba perdiendo. Algunos miraban desde las gradas, retrasaban la decisión o les faltaba el certificado de aptitud física. Estoy segura de que el jueves serán muchos más y eso me produce honda alegría porque el circo ¡es tan polifácetico! Habrá alguno que tendrá capacidad para una destreza y otro para la otra, y cada quien será soporte de otro en alguna oportunidad. A alguno le tocará ser el brazo tendido que sostiene al compañero en esa relación de confianza que necesariamente se establece entre dos artistas que ejecutan un número. 

  Qué bueno que los chicos tengan la posibilidad de asistir a una escuela de circo los martes y los jueves. Comienzan a las 15.30 hs con el primer grupo y luego hay otro al que, supongo concurrirán más por el horario, luego de la salida de las escuelas.

   Es cierto que el circo transforma. Estoy pensando en el manejo de los miedos, en las habilidades de grupo, en las emociones, en la perseverancia, en la lucha contra las limitaciones como en el respeto de las mismas según la ocasión. Sentada en las gradas pienso en los jóvenes que han venido, en los beneficios que produce el arte en todas sus manifestaciones y me los imagino desarrollados y felices con un bagaje nuevo en la mochila. Para lograrlo deberán trabajar, poner el cuerpo, fijarse objetivos, ir cumpliéndolos y encontrarse con nuevos desafíos como en cualquier aprendizaje. Adquirir una destreza siempre es una aventura pero creo que nunca está mejor aplicado cuando se trata de lo circense, ese campo inagotable de magia, sorprendente a cualquier edad. ¿Quién no ha disfrutado de ver a los artistas en la Plaza Almafuerte el domingo pasado? Todos, algunos desde la silla, y otros... algunos otros, la próxima vez, desde las alturas. 

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