Primera vez en el Comedor Las Flores

   Hacía rato que venía siguiendo el facebook del comedor Las Flores. Me atraparon algunas imágenes que hablaban de un lugar limpio, ordenado y acogedor. ¿Podía ser?  Allá en los confines de Martelli, de los que poco hablamos porque solemos limitar nuestro barrio a lo que ocurre en las cercanías de Laprida y Mitre. 

 

    Hoy, un día gris y nublado, deseando que no lloviera puesto que no era un día adecuado para moverse en mi descapotable rosa, pedalee hacia Melo y Berutti.  

 

    Hermosa sorpresa que me llevé al entrar ya que conocía a Gaby (de antes pero no sabía que allí estaba y le quiero dedicar unos párrafos especiales en otra oportunidad) quien haciendo uso de una calidez extraordinaria me presentó a Cristina Nieto y a Miguel González, más conocido por Ardilla. 

   Caí a las once de la mañana. Conocía a Cristina y a otras mujeres que estaban trabajando en la cocina. Un grupo de niños hacía tareas escolares en torno a una mesa. El ambiente, alegre y lleno de color. Algo en el aire que te hacía sentir cómodo. ¿O eran las ofertas de cursos que encontré pegadas en la puerta? Nada como la formación para progresar en la vida. Electricidad, peluquería, tejido y otras destrezas que se pueden aprender de manera gratuita. 
    Me quedé conversando con Miguel, destilaba orgullo por los logros. Me contó de los avances en la urbanización y en las obras para llevar las cloacas a todos los vecinos de Las Flores. Otrora militante del PJ, más entregado a resolver el problema cotidiano del vecino que de opinar sobre un signo político. Me gustó escucharlo en varias anécdotas, en los detalles que están por debajo del hilo de la conversación porque en ellos se percibía que no importa lo que pienses serás bienvenido en el comedor.  

   Recordé con él algunas fotografías de locros y fiestas realizados allí,  siempre abiertos a todos y supuse la alegría de los chicos cuando los visitaron los Reyes Magos.  

  Miguel, padre de ocho hijos y también abuelo, se casó con Cristina cuando eran demasiado jóvenes  para hacerlo. Ella, nacida en el barrio. Ambos conocen sobre las necesidades verdaderas sin que se las señalen. El Municipio pone su parte y el comedor se convierte en un ámbito de contención tan necesario. 

   
  Un espacio en el que da ganas de sentarse a hacer la tarea. Banderines, globos y guirnaldas de colores, los chicos tienen la celebración de su cumpleaños y un lugar cercano donde correr ante una necesidad urgente. 

 

   Funciona el CBI (Centro Barrial Infantil) y allí se desgranan oportunidades para los chicos que son nuestro futuro. Nada más valioso que cuidar su crecimiento y desarrollo intelectual desde una buena alimentación en un ambiente que procure establecer buenos vínculos.  

 

   Es muy agradable entrar allí y constatar que lo visto con anterioridad en el facebook es mejor todavía que lo que las imágenes pintan. Me fui rápido porque tenía a la familia a almorzar en casa pero pintaba bien quedarse. ¡Gracias,  Gaby!