Un famoso cuestionario: el Proust

  Vengo de la docencia, la maternidad y la escritura. Cuando voy a entrevistar a alguien no llevo preguntas sino una alta dosis de escucha abierta. Eso fue lo que más me sirvió a la hora de escribir mi libro. Pero mis entrevestidas de lujo tenían tiempo y ganas por lo cual la conversación se alargaba con facilidad por los caminos que ellas proponían. Este trabajo que me he propuesto tiene otro ritmo, más flexible y dinámico. Un ritmo al que me voy adaptando cada día, con el ejercicio, que es la mejor manera de aprender. A todo se llega con la práctica diaria y, cuando ella se abandona, también se pierde el talento. Uno va de la mano con la otra. 

   Hace unos días que no me siento al teclado. Eso no significa que no he escrito en mi mente. Largos párrafos sobre la gente del barrio y su idiosincracia. Cada vez me enamora más, tengo que decirlo. Y nada hay más bello que hablar todo lo que más se pueda de aquello que brilla en nuestro interior. 


   Cada cual, sea por las razones que sea, mientras va creciendo, se forma una máscara, una coraza protectora a veces, que no permite que se transparente la esencia. Sólo con el trato cotidiano y frecuente se puede ir conociendo a las personas. Aunque nunca se termina esta empresa. Se me ocurre, incluso que la tecnología y las redes sociales contribuyen a las máscaras y corazas. 

   Pero la tecnología también nos permite leer un sinnúmero de revistas, en este caso Vanity Fair, publicación que popularizó el cuestionario que voy a emplear ya que me parece muy adecuado para indagar de manera rápida en los temas importantes de la vida, la muerte, el amor y la felicidad.

    El cuestionario no es obra ni de Vanity Fair ni de Marcel Proust (1875-1922). Es un juego de salón parisino que servía de distracción al círculo  del novelista y se cree que lo popularizó la hija del presidente francés Félic Faure en el siglo XIX.

En un cuaderno rojo con tapas de cuero repujado, ella tenía anotaciones de buena parte de las personalidades que la rodeaban, a quienes les formulaba "la misma secuencia de preguntas" y todos escribían allí sus respuestas a mano.

  ¡Excelentes preguntas me parecieron siempre! Y voy a emular esa costumbre, no con famosos sino con los vecinos. 


En la imagen el francés original y en rojo la traducción:

1. ¿Cuál es el principal rasgo de tu carácter?

2. ¿Qué cualidad apreciás más en un hombre?

3. ¿Y en una mujer?

4. ¿Qué esperás de tus amigos?

5. ¿Tu principal defecto?

6. ¿Tu ocupación favorita?

7. ¿Tu ideal de felicidad?

8. ¿Cuál sería tu mayor desgracia?

9. ¿Qué te gustaría ser?

10. ¿En qué país desearías vivir?

11. ¿Tu color favorito?

12. ¿La flor que más te gusta?

13. ¿El pájaro que preferís?

14. Un escritor

15- Un héroe

16- ¿Qué hábito ajeno no soportás?
17- ¿Cómo te gustaría morir?

18- ¿Cuál es el estado más típico de tu ánimo?

19- ¿Tu posesión más preciada?

20- ¿Tenés un lema?