De nuestras calles

  El próximo mes cumplo 59 años de vivir y trabajar en el barrio. (Salvo un par que te engañé con Munro, barrio querido, pero fue porque necesitaba ganar un poquito más y lo tuve en el Ulrico Schmidl, hoy convertido en Centro Universitario) 

  Conozco todos los nombres de tus calles pero sufro cuando veo la señalética en malas condiciones. Sabés que eso me sucedió el 19 de junio cuando pedaleaba por la calle México hacia el natatorio.  Me bajé, tomé una imagen y se la envié a nuestra delegada municipal. 

  Enseguida supe que el cambio de nomencladores de todo el municipio comenzaba por nuestro barrio. Debo reconocer que me estoy volviendo descreída. Insisto, no comparto nada sin chequear, no me creo de ninguna manera ni anuncios ni quejas de nadie,  que ya la información está bastante saturada. Odio leer en las redes comentarios que no edifican, por eso me concentro en lo que sirve a nuestros habitantes, a los que amamos y a los que nos visitan.  Por eso sigo en mi línea de multiplicar lo bueno, aunque parezca poco, aunque siempre haya alguien que piense que otra cosa tenía la prioridad, ¡porque hay que exigir haciendo!  

   Los nuevos carteles están apareciendo, negros con letras blancas de cierto brillo. ¡Mucho lindo para fotografiar en mi barrio querido! A mis postales barriales de plazas y árboles que van floreciendo se le suman los nuevos nomencladores. Anoche mi hijo afirmó en la cena que son antivandálicos.
-¿De dónde sacaste eso?  ¿Vos decís que si voy a escribir un grafitti no puedo?
-¡Ay mamá, lo que te falta es comprarte un aerosol para probar los carteles! 

Risas familiares, es que la madre se ha vuelto monotemática, dicen, desde hace unos diez años. 

Villa Martelli, cada vez estás más prolijo, te conocí cuando eras de tierra y ya me enamoraste, ¿qué voy a hacer con vos ahora?