¿Vamos a la pile?

   Existe un lugar que es oasis en el barrio: la querida pileta. Casi todos los chicos han aprendido a nadar allí de la mano de sus excelente cuerpo de profesores. Tengo fresco el recuerdo de los míos pasando por los diferentes niveles y convirtiéndose en verdaderos delfines más de dos décadas atrás.  La pileta es un lugar mágico, lo afirmo porque lo experimento cada vez que ingreso. Se sale de allí con todas las neuronas renovadas. El cambio se va dando en cada brazada y se termina de comprobar en el vestuario cuando lo comentás. A todos les sucede lo mismo, como si un virus contagiara el buen humor. 

   A la pileta concurren vecinos de todas las edades y bien podés sensibilizarte viendo a un bebé que flota por primera vez en otras aguas como a gente muy grande que asiste a acqua gym, a teraupéutica o a nadar libre. 

   A todos nos produce el beneficio esperado y no hay impedimentos ni contra de ninguna especie. En este momento de mi vida estoy concentrada en algunas ganancias que me otorga nadar: retrasar el envejecimiento, mejorar la memoria, aumentar la capacidad pulmonar y adquirir mayor flexibilidad. 

  Hace poco leí algo que confirmó mis sospechas. Un estudio realizado en la Universidad de Harvard ha mostrado que 10 semanas de entrenamiento   reduce los síntomas de la depresión clínica. Las mujeres que entrenaron  durante el estudio informaron que se sentían más seguras de sí mismas y “capaces”. Hace años que escucho comentarios al pasar en el vestuario, casi todas afirman lo bien que se sienten luego del movimiento en el agua.

  Nadar le hace bien a todos, de manera integral. Puede que no alcances a tener el cuerpo esculpido de Michael Phelps, puede que sueñes con participar en el yaguarón y quizá nunca lo hagas. Pero la natación puede proporcionarte beneficios cerebrales adicionales a nivel molecular y de comportamiento, afectando a los neurotransmisores que influyen sobre el estado de ánimo y las hormonas reductoras del estrés. ¡Sí! ¡Se lo leí a los que saben de verdad: médicos deportólogos! 

  "Uno de los beneficios de la natación es que aumenta el flujo sanguíneo, lo que a su vez puede ayudar a mejorar la memoria, el estado de ánimo, la claridad mental y el enfoque. Un estudio de 2014 descubrió que la inmersión en una piscina aumentaba el flujo de sangre al cerebro, pues cuando los participantes se sumergieron en el agua hasta la altura del corazón, su flujo sanguíneo cerebral fue mayor en comparación con los participantes que no se habían metido en la piscina. El flujo de sangre a las arterias cerebrales centrales aumentó en un 14%, mientras que el flujo sanguíneo a sus arterias cerebrales posteriores aumentó un 9%."

  Y si se trata de los más peques, ¡mucho más! Un estudio de 2012 encontró que los niños que aprenden a nadar a una edad temprana alcanzan más hitos de desarrollo antes que los que no saben nadar. Estos hitos incluyeron habilidades como la coordinación y habilidades visuales-motoras tales como cortar papel, colorear y dibujar líneas y formas, y muchas tareas matemáticamente relacionadas.

   ¡Y no hablamos de la frutilla del postre! Lo mejor que tiene casi nunca es citado: es un ámbito privilegiado para forjar amistades. Si bien es un deporte con una veta individual marcada, he sido testigo de mucha camaradería que crece con los años.
   ¿Vamos a la pileta? Es gratis, precisás tiempo, pero es una gran inversión.