¡Felices ochenta años y gracias, mamá Dolly, por estos cincuenta!

   Y anoche celebramos los ochenta años de mamá Dolly junto a sus cincuenta en la catequesis de nuestra querida parroquia Fátima. ¡Vaya números que hablan de entrega y perseverancia!
  Y el corazón se agitó de emociones al repasar anécdotas y recuerdos. Cada uno iba comentando el suyo entre abrazos apretados al terminar la misa.
  ¡Otra vez que inicio la contada por el final! Es que me ha gustado muchísimo la imagen de Dolly con sus tres hijas y nietos. 

   Presidió la misa nuestro Párroco Fernando Pugliese (cariñosamente Pucho) quien concelebró junto al Padre Andrés González. ¡Sí! ¡El querido Padre Andrés que llegó de España en 1976! Actualmente reside en Málaga. Es allí donde continúa su labor de parroquia, en cárcel, en casas de acogida para inmigrantes y acompañamiento al que lo precise, entre otras actividades que aparezcan: enfermos, ancianos y otros. Nuestra Fátima fue su primera parroquia. No llegó recién ordenado, pero sus tareas del otro lado del océano eran bien diferentes a lo que encontró aquí. Se me dibuja una sonrisa cuando recuerdo las bromas que soportó del grupo de jóvenes, en ese entonces muy numeroso. En los escasos dos años que estuvo conquistó el cariño de todos y convirtió la parroquia en un sitio donde nos pasábamos el día entero.  De paso por acá, en ocasión de la Asamblea Internacional Trinitaria celebrada en la vecina localidad de Pilar, tuvimos la grata sorpresa de verlo, abrazarlo, conversar con él, recordar décadas pasadas y evaluar nuestro presente de fe. Hermosa coincidencia. 
  

   Mamá Dolly, como solíamos llamarla para diferenciarla de su hija mayor del mismo nombre, estaba sorprendida. En la imagen la vemos recibiendo la bendición de los dos sacerdotes. El encuentro fue hermoso en todo sentido. Ella junto a sus hijas Dolly, Alicia y María Edith, más los seis nietos y otros familiares, ocuparon los primeros bancos.  Celebrar lo que sería las bodas de oro con la catequesis habla de perseverancia y coherencia. Para quienes tuvimos la suerte de compartir los primeros pasos significa enseñanza. Ella recordó a los sacerdotes que fueron pasando por la parroquia a través de los años que estuvo: el Padre Nicola,  que estaba con el Padre Juan. El Padre Nicola se hacía cargo de los chicos del Ateneo y de la catequesis. Un día en que Dolly estaba en misa , le pidió colaboración en la catequesis, tarea que ella ya había hecho en su Córdoba natal.  Así fue como el P. Nicola se reunió de varias señoras, las formaba, les daba fichas. Cuando llegaron el P José y el P Juan José, ya se venía formando el grupo. Tiempo después, con el P Tomás Espina se consolidó definitivamente el equipo catequísitico. Luego vinieron los Padres Joaquín y Andrés.  Después el Padre Gregorio, el Padre Atucha y alguno más, todos pertenecientes a la Orden Trinitaria. Desde el año 2010 el Padre Fernando, sacerdote del clero diocesano. 

   Los métodos fueron cambiando, pero Dolly permaneció fiel a su misión de acompañar a las familias en el camino de amar a Jesús. 
   Un día, Dolly y su marido Licer, vendieron el bar cito en Avda Mitre y Cetrángolo donde también tenían su vivienda. Se cambiaron de barrio. Sin embargo Dolly se toma el 93 para llevar a cabo su tarea catequísitica en Martelli. 

  La misa trascurrió llena de momentos emotivos. Una homilía enriquecedora de parte del Padre Fernando y unas palabras muy cariñosas de parte del P Andrés.  Después el ofertorio, con la participación de la familia. Y un saludo de la paz que se extendió en abrazos cálidos, sentidos y alargados.

   La nieta de Dolly entonó el Ave María en medio del silencio y el recogimiento de todos. Cada cual habrá puesto en oraci´ón interior los momentos vividos con Dolly. Yo agradecí el haberla tenido en mi camino como ejemplo cuando todavía no había cursado la Escuela Superior de Catequesis, que por cierto inicié en ese entonces con Dolly hija. 
   Es difícil sintetizar un regalo de gracia tan grande. Cincuenta años son muchos momentos. El Padre Andrés realizó una alegoría de los mismos con respecto a los pasos caminados por Dolly para venir a la parroquia cada vez. 

     Aplausos, abrazos y palabras cariñosas al por mayor se dieron cita durante el brindis y la entrega de obsequios. Dolly agradecida y feliz, todas nosotras pensando que se merecía mucho más. Cada una de las catequistas que trabajaron con ella guarda momentos valiosos. 
     ¡Gracias, Dolly, por el don de tu vida que nos ha enriquecido en este camino del amor al Amigo Jesús!