Contarte, barrio

  Hola barrio, hoy se cumple un mes del llamado. La doctora, al teléfono, me apuraba a una cita con el cirujano. Es MALO, dijo, y yo no sabía si creerlo. ¿Cáncer de colon? ¿Me sentía tan bien!  Seguro se habrán equivocado de paciente, pensé, no soy yo. Pero igual lloré unos minutos, como una tonta, entre imágenes que me proponía la mente de personas queridas y deterioradas por tratamientos que no siempre finalizaron bien. Esas veinticuatro horas en la terapia intensiva, toda conectada sin necesidad, ya me habían preparado un poco, pero no lo suficiente.

 

  Ay! ¡Con todo lo que hay para hacer al borde de la Navidad!

  El abrazo de mi marido me rescata de mi  imaginación prodigiosa  que, algunas veces, me juega en contra.  Victor no dice nada. Ni yo tampoco. Juntos esperábamos el resultado de la biopsia y no había mucho para hablar.
  Dos días después estábamos también juntos en el consultorio del cirujano. A esas alturas ya me había leído todo lo que en 48 horas se puede investigar en la red sobre cirugía de tumores de colon.

  Barrio lindo y querido, lo que siguió te lo vine contando en detalle, bis a bis,  tanto en las baldosas de tus veredas hacia la Avda. Laprida, como en tus cielos de enero cuando levanté la vista buscando esperanzas.

 

   Ya pasó un mes,  repetición de colonoscopía, dos tomografías,  la duda del pulmón que martilla, el pet no autorizado por la pre-paga.  Ese cirujano que me manda a tomar Herbalife para llegar al quirófano con las defensas altas. Mejor pedir una segunda opinión, quizá esté tan sana como me siento. Pero no, la segunda videocolonoscopía muestra una imagen contundente y en colores del tumor. El informe también, se llega a colon transverso donde se observa lesión vegetante y sangrante que ocupa el 100 % de la circunferencia e impide el paso del endoscopio.

   Ay, barrio, ¿por qué releer esos informes?, algunos ni siquiera se comprenden y es preciso googlearlos.  

   No hay equivocación, tan sólo una seguridad que me salva del miedo. Vivir rodeada de afecto, el de mi familia maravillosa, el de las amigas incondicionales y de vecinos entrañables hace la diferencia y me coloca en una plataforma privilegiada para zambullirme con fuerzas a la carrera de ganarle a esas pobres células malignas. Lo pensaba ayer, en cada brazada que daba en tu "querida pile", barrio lindo y amado. Lo volví a sopesar cuando pasé por Fátima y una película atestada de fotogramas felices se rebobinó en el alma al mirar el pequeño templo. 

 

   Todo saldrá bien, tengo mucho para seguir escribiendo sobre vos, barrio. Una deuda de gratitud por toda la gente linda que conocí como nena jugando en tus veredas, como catequista de cientos en la parroquia, como maestra, como madre de tres que se criaron en tus calles y aulas, enamorada de la gente hermosa que circula que me inspiró e inspira todavía. 

  Ya basta de investigaciones que duelen y confunden. A cocinar rico para la familia. A seguir nadando hasta la cirugía.  A reír con las amigas. A trabajar con los proyectos amados hasta que Dios lo quiera. A pedalearle a la vida que es un REGALO demasiado preciado para no aprovecharlo en toda su plenitud.