Sábado santo por los perritos

   Muy temprano estaban ellos el pasado sábado 31 en Plaza Vienni. Ya habían colocado los carteles, señalado los sitios donde colocar las tapitas, y todas las actividades previas. Un mantel rojo vestía la mesa donde exhibirían los huevos y las roscas pascuales. La sonrisa florecía en las caras mientras las manos se movían rápidas porque había mucho para hacer. No sólo estaba la cuestión de recaudar para pagar alimentos y veterinaria sino que había que cuidar quién se llevaba en pre-adopción a las mascotas recogidas.  

   Verónica Lomongiello y toda la linda gente que la rodea, la tienen muy clara y ningún esfuerzo les parece suficiente cuando se trata de buscar el bienestar de los animales. 

     Poco a poco comenzó a llegar la gente, algunos amigos, otros convocados por la radio o el trabajo en las redes. Los mascoteros,  en todos los detalles. El calor apretaba y había que cuidar el chocolate y la crema pastelera. Se produjo un constante  ir y venir de cajas para reponer mercadería. A más trabajo, más alegría. 

   En la imagen, nuestra Vero martelliana y Claudia García, voluntaria activa de Tapitas para todos, feliz y con agradecimiento desbordante a toda la gente que dejó tapitas ayudándolos  así a realizar castraciones gratuitas o una semana de medicación y alimento a animalitos de zonas carenciadas totalmente gratis.
  Me sorprendió aquello y Verónica me explicó. No todos los municipios presentan las mismas realidades.  En nuestro barrio ellos pudieron acceder a la compra de un móvil veterinario y un ecógrafo. ¿Cómo lo lograron?  Con esfuerzo, presentando el proyecto en el Presupuesto Participativo y haciendo campaña para que los voten, obtuvieron el triunfo.  Las castraciones no son gratuitas en todas partes, y, justamente en las zonas más necesitadas, la reproducción de los animales es más alta. 

   El clima de alegría no decayó durante toda la jornada. Unos cuantos beneficiados perrunos pasaron por la plaza. Mate, abrazos, consejos e intercambios matizaron el tiempo. Cada cual colaboró con lo que pudo. 

    ¡Y llegó el sorteo de los huevos grandes! ¡Pero qué rico! Todos queríamos ganarlos y deseábamos en nuestro interior que el número extraído no estuviera presente, cosa que no ocurrió. 

   Mientras observaba a este grupo de vecinos tan preocupado por el destino de los animales sin hogar pensé en lo afortunados que somos de contar con ellos. Su pasión y entrega desinteresada a la causa nos enriquece y nos hace crecer la esperanza de que el mundo puede ser un sitio mejor.