Encontrar el sol en la plaza

    Casi un año, en pocos días se cumple el primer aniversario de esta aventura. Elijo esta imagen del año pasado en la plaza porque este sitio es el que más se repite. Cuando repaso los motivos para escribir el blog, veo que están intactos, ¡pero que falta tanto! Una lista de personajes y lugares se despliegan en mi mente, se atropellan en desorden, ¡eso es lo que me falta! 
   Cuando miro la plaza con sol, me parece que todo es posible. Cuando volví a pedalear en la bici después de la cirugía, disfrutando de otra oportunidad, volví a detenerme en cada uno de los sitios del barrio que amo. Las ganas de seguir se duplicaron. Y, aunque el tiempo se acorta con los estudios médicos largos, los trámites y otras yerbas, la felicidad se agranda y cada minuto tiene más valor. 
    Cada uno mira, lee y escribe con los ojos que tiene. La plaza no es la misma para cada uno de los vecinos. Para la nena que fui, la plaza es la hamaca. Para la estudiante que fui era el banco donde sentarme a repasar los apuntes del colegio.  Y ahora, la abrazo entera con la mirada. Cuando está vacía, cuando se viste de Feria, cuando es tablero de ajedrez o caballete de nuestros artistas, cuando florece de chicos jugando. 

    La plaza es el corazón del barrio, siempre. Aunque su trazado no sea el tradicional y no ocupe el centro con la iglesia y la municipalidad. Martelli tiene varios corazones latiendo: Vienni, Almafuerte, Cetrángolo son los más grandes.