Preciosa Fátima

     ¡Cómo se aman los lugares en los que fuimos felices! La parroquia Fátima es uno de ellos para muchos. Ojalá mañana se convierta en ícono. ¿Escribí: fuimos? Salió así. En verdad, SOY feliz cada vez que vuelvo ya sea para un acontecimiento, para ir a misa, para juntarme con las catequistas de antes o para una oración rápida. Si utilicé el pretérito es porque durante la década del 70 fue para un nutrido grupo de unos ochenta jóvenes, la extensión de nuestra casa: el lugar donde pasábamos la tarde, compartíamos charlas, fútbol, ping pong, los sábados de baile en los que se formaron varias parejas. Entre ellas, la nuestra, por eso y por tantos motivos nuestros tres hijos asistieron a Fátima. Era la época en que colegio y parroquia eran la misma cosa. 


   La capilla de madera primitiva, con techo de chapa construida por los padres trinitarios supo ser lo primero que se veía a lo lejos entre quintas que, poco a poco se fueron dividiendo y vendiendo. En 1939, el partido de Vte López pasó a ser ciudad, nuestro barrio también crecía y el 19 de abril de ese año el intendente R Uzal dirigió una carta al Padre Vanini donde le ofrecía la construcción de una capilla en Martelli... donde ahora hay una madera.

   El sueño terminó de realizarse, el 11 de diciembre: Fray Secundino de la Presentación, provincial de los trinitarios, propuso como cura al RP Lucio Rio del Val. Puede que algunos vecinos todavía lo recuerden. 

    Los datos están extraídos de "Historia de la diócesis" que gentilmente me prestó el Padre Fernando Pugliese (alias Pucho) quien me contactó con la Hna Olga Peralta, religiosa de la Orden Siervas de San José. 

    La Hna Olga, las señoritas López, cantidad de catequistas, las señoras de Cáritas, las carismáticas constituyen grupos y personas que supieron darle vuelo y vida, más que al templo edificio al templo humano. 


   "Martelli era campo, sólo campo y no se veía nada más que la capilla. Enfrente había una casita, una anciana, CLOTILDE, nos daba de comer a los tres. El Padre consiguió cal y brocha y la pintamos. La Virgen de Fátima que está puesta es la original. Había cucarachas y murciélagos dentro, afuera vacas y caballos perdidos en el campo. Las hermanas (se refiere a las trinitarias de Belgrano) nos daban una cantidad de horas de permiso, luego debíamos regresar. A nosotras nos gustaba, pintábamos, brocha y brocha (me lo relata con ademanes y alegría blanqueando una pared imaginaria) Yo cantaba, cantaba muy bien de niña, todavía canto. 

   Otra vez el P Lucio celebró la primera misa allí, vino Clotilde, estábamos contentos."  Fragmento del relato oral que me regaló la Hermana Olga Peralta en 2014


    La Parroquia Fátima supo ser para quienes transitamos nuestra juventud durante la dictadura un sitio en el que la libertad se respiraba. Los padres trinitarios traían la marca de fuego de su carisma: la liberación. Si bien esa marca fundacional tenía que ver con la liberación de los cautivos cristianos del siglo XII en manos de los moros, el carisma se extiende a toda forma de opresión en cualquier tiempo y lugar que sea. Con el mismo motivo, el de liberar de la ignorancia es que los trinitarios fundaron colegios en casi todas sus sedes. El de nuestro barrio lleva más de cincuenta años y lo celebraron con una fiesta inolvidable a la que asistieron los primeros maestros y alumnos. Mi marido entre ellos. 


    ¡Cómo no amarte, Fátima querida! ¡Por tanto más! Siempre viva, con modificaciones y creciendo, ahora de la mano del clero diocesano con el Padre Pucho,  ¡Viva Fátima! Como gritaba el Padre José Atucha y lo repetía, lo repetía, lo repetía mientras nosotros nos preguntábamos si estaba delirando. Alguno ahogaba una risita y yo me sonrío mientras lo pienso agregando razones para mi causa. Fátima es un ícono para los que profesamos la fe, para los que se educaron o pertenecieron a algún grupo y para todos los vecinos por su  antigüedad en la Avda Laprida.
¡Viva Fátima!