Dejar huellas

    Los días nublados invitan a la escritura y, con ella, a las preguntas.  ¿Estamos dejando huellas? Parece que la respuesta es sí con los íconos enfrente. Imágenes simples que cuentan mucho. Trazos que hablan de anécdotas vividas. 


Parece que no hubo nada, escribió Atahualpa Yupanqui, si se mira sin mirarlo. Todo es malezal confuso, pero mi huella está abajo. Solo hay que plantarla. El grande de Atahualpa y su huella indeleble. Mirar y remirar lo que está debajo de la piel del barrio. Soy una afortunada por disponer del tiempo para hacerlo, por vivir a unas cuadras de la casa donde transcurrió mi infancia y por continuar disfrutando de las amistades allí cosechadas. 

 

    Los cinco íconos puestos en fila gritan historia. Ninguno me es ajeno, todos aluden a recuerdos vividos o evocados por vecinos. Cuando se  nace en un barrio joven, se crece con su historia. Se es testigo visual de su crecimiento. Cuando pudiste ver el asfaltado de las calles, el tendido eléctrico, la llegada del agua y de las cloacas a medida que crecías, te identificás mucho. 

  Cinco íconos y muchas historias escritas en los corazones martellianos. Algunas en el papel, otras con la tinta indeleble del corazón. Ese peón de ajedrez que habla de nuestro barrio fabril y su anhelo por el progreso.  Al ladito nomás el rojo de nuestro colectivo insignia. ¡Un medio de trasporte como ícono! ¡Una persona detrás del ícono de un periódico! Originalidades de nuestro barrio trabajador, conversador y deseoso de protagonismo. 

 

   Todos los días camino por mi barrio, voy en la bici, nado en su pileta, hablo con mis vecinos, fotografío, realizo las compras diarias ¡y vuelvo a sentir que Martelli es una especie de cielo! Junto al sentimiento se acopla la responsabilidad, la de hacer cada día un sitio mejor donde vivir. 

  Creo que el amor es inseparable de la memoria y ponerlo por escrito es guardarlo más seguro.