Consignas creativas y cuentos

     La imagen es de noviembre de 2017 pero hoy saltó de entre los archivos de mi computadora. La más joven, la primera arriba a la izquierda programó el celular que fue nuestro fotógrafo. Habíamos participado de un encuentro por demás fructífero en el taller literario que conduce los lunes la multifacética directora de la Biblioteca Froilan González: Lucila Satti.

    Un taller que continúa y evoluciona. Siempre distinto según las consignas. Cada lunes un nuevo relato y otra vuelta para pensar y crear en este fabuloso e infinito camino de la escritura. 

     Ayer, por ejemplo, trabajamos sobre un relato de Juan Villoro. La consigna era evocar a un ser querido a través de un objeto que nos lo recordara. La lectura fue variada, sombrero de alas anchas, un rosario, una cartera italiana y otros de los más variados. Eso es lo mejor, puntos de vista diferentes para contar que se ponen en práctica y se leen a los compañeros. Cada tarde de lunes es un viaje. ¡Varios viajes! Podemos estar en una cancha de fútbol, en un café o en el campo. También podemos situarnos en el hoy o en el siglo pasado. Desfilan niños, inmigrantes, trabajadores, policías, matrimonios y hasta una suegra silenciosa. 
   Este año, al finalizar cada encuentro, el comentario general se refiere a la calidad de lo que se está produciendo y cada vez tengo más ganas de compartirlo.  La lectura de algunos relatos finaliza en aplausos. Sí, de verdad sin exageraciones. Lo más común es que Lucila o los compañeros te regalen su punto de vista para mejorar las formas o el final. 

    No hay un lunes en que nos retiremos sin algún tip apuntado. Otra novela para leer, un escritor recomendado o un cuento imperdible. Y, como el grupo es muy heterogéneo, la vista y el oído se ensancha en las acotaciones.  

     Pronto publicaré algunas novedades que se cocinan en este taller martelliano. ¡Gracias, Lucila!