Otra vez en "El tejo"

    ¿Viste qué linda gente tenemos, barrio? De derecha a izquierda Carlos Alberto Recio (Tesorero) Alberto Fruscella (Secretario) y Giovanni Consoli (Presidente)    

      Hacía como un año que no los pasaba a visitar. Recuerdo nítidamente la primera vez que me aparecí por sorpresa y Giovanni me recibió con un taladro en la mano.  ¡Cuánto más bonito está todo! Es que lo viven como una segunda casa y así cuidan las instalaciones ubicadas en Plaza Vienni. 

   Este club tiene una particularidad: las mujeres son minoría. Acá me encontré a unas representantes. Una me dio la sorpresa de la tarde: su historia está en mi libro, figura en el clan de las Petrucci en el capítulo de las italianas. En rigor de verdad ella no es Petrucci, me acogí al modo patriarcal para narrar. "La historia la voy a iniciar con Dolores Camino, que llegó a Buenos Aires el 20 de febrero de 1957. Venía de la región de Molise, de la provincia de Campobasso, del pueblo Petrella tifernina. Arribó en el barco Monteverde con padres y hermanos. Los esperaban aquí dos hermanos más que habían venido con anterioridad. Ellos habitaban en una casa de la calle Berutti cuando todavía era de tierra. Tenían agua de pozo y cocina a kerosene." 104 Martellianas,  Pág 104  Y la historia sigue,  llegando a las nietas, y otra vez aparece sobre la mesa mezclada con los recuerdos que se barajan esa tarde en medio del juego de naipes.  

   La conversación salta de un tema al otro. De nuevo en el presente escritorio, cartelera, avisos y libro de actas. Todo en orden. Lo miro mientras otros preparan té y mate cocido con galletitas. Son alrededor de 80 socios aunque no todos vienen todos los días. 
    Me invitan con un té y me quedo porque se la pasa bien aquí. Un recuerdo por acá, otro por allá ensanchan mi horizonte. Admiro la memoria de algunos. ¿Viste barrio? Ellos pueden citar con claridad las imágenes del bañado que era lo que ocupa el barrio parque sin tenerlas en el celular.  

     Y aquí la estrella, el campo de juego, el altar de la diversión que los convoca todos los días.  

  Da placer verlos jugar. Es importante por el ejercicio que significa y porque hacen amigos.  La pasan muy bien, no hay duda. Y se merecen todo porque cuando empezás a escarbar son gente que le ha dedicado la vida al trabajo.  

   Es bueno estar con ellos y conversar sin prisas: sacan todo el tiempo anécdotas de la galera igual que los magos extraen palomas. Parece que descubrieron el secreto de la juventud de espíritu y lo cultivan en sus relaciones. Me pasa lo mismo cada vez que paso la puerta de un club de jubilados, ¡los admiro! En estos tiempos que se ensalza tanto a la juventud y hay una representación negativa de la vejez, los jubilados tienen mucho que enseñar. Nos dan el sentido de la historia y con él la identidad. Me sorprendí riendo cuando uno de ellos habló del mojón, entre otros temas. ¡Qué bueno escuchar aquello, barrio querido! Tanto como las historias de los barcos. Ellos nos dan una visión más completa de la vida, porque el futuro se construye del pasado. El que vive en las distracciones  de la prisa se olvida de los temas fundamentales.  Las urgencias son un mal consejero. La tercera edad trae la sencillez, la profundización en los valores afectivos y morales. Ellos entienden muy bien la superioridad del ser sobre el hacer o el tener. 

   ¡Un placer! Por eso el té estaba tan rico. Por eso volveré para escuchar un poco más.  Gracias otra vez.