Rosaditas de la Maternidad I

   Estuve conversando con ellas el viernes pasado. De derecha a izquierda: Silvia Dorso, la coordinadora; Graciela Grillo, la veo en todas; Silvia Delarrivat, mostró una sabiduría rica y comprensiva y Mirta Alaluf que está aprendiendo. 

    Ellas son las que estaban cuando llegué, medio como de sorpresa que es la mejor manera de caer cuando se quiere descubrir la verdad de una tarea. Y la sorpresa me la llevé yo al ver cuánto ha crecido el grupo. Son 21 y medio en total con una que está casi entrando. Pero tienen el apoyo de otras y de algunos grupos que tejen y cosen. Algunas señoras realizan desde sus casas tareas necesarias siempre bajo la supervisión de ellas, ¡que siempre precisan multiplicar manos! Por eso, vecina que me estás leyendo: ¡participá como puedas!

   Los bebés prematuros usan ropa tan pequeña como una mano. 

    Batitas y ositos requiern aberturas especiales donde no te imaginarías, por ejemplo en el piecito.

   A Silvia no le gustan las fotos. A mí me encantaría empapelar el barrio con su imagen, su diálogo pausado y contundente, sus manos trabajadoras y su ejemplo rotundo.

    En la Residencia para mamás de prematuro viven doce. Allí comen, duermen y aprenden a enfrentarse a la realidad que les ha caído. Los lugares no alcanzan, de manera que las que viven más cerca concurren sólo de día. La Maternidad les da las cuatro comidas y ellas los elementos de higiene personal al tiempo que se preocupan de acompañar. Recuerdan a mamás de Colón, de Zárate, de las Toninas... Mamás que están solas y lejos, encuentran en las rosadas el abrazo necesario durante ese momento único y tremendo. El camino no es rosa ni celeste, a veces está muy oscuro entenebrecido de dolor aunque le pongamos toda la fuerza.

    Acá Lucía, ella supo lo que es ser madre primeriza pero Margarita ya tiene cuatro años y sonríe con salud desde la imagen que me muestra en el celu. Lucía se contagió esto de la colaboración y atiende las ventas del local sito en Ameghino 941, enfrente de la Capilla de la Maternidad. Hay de todo. 
       


    También hay mucho más para decir y hacer. Continuaré. Me contagiaron el virus de la entrega y la solaridad con una causa justa.

   ¡Alegría enorme si las hay! Las Voluntarias también han sido beneficiadas. Solidaridad de la subasta que estira los brazos para alargar las manos de los que ayudan. Enterarse y saltar de alegría en la cocina en medio de una cadena de whatsapps ilusionados. 

   Mientras no tengamos un mundo justo, hagamos un mundo solidario.