Luly de oro

  Que las Kamikases ganaron el oro en los recientes juegos olímpicos ya pudiste verlo en la tele, en la tapa del Olé que titula "DIOSAS SUPER PODEROSAS", en la del Clarín y en una lista larga de medios. 
  Hoy te voy a hablar de Luly Balsas, hija de Pablo Balsas, nuestro vecino de la calle Güemes y de Gabriela De Lisio (la mamá emocionada de la foto). Recuerdo la época en la que estaban de novios. Guitarra en mano cantando en las misas de María Consuelo de los afligidos, más conocida como la capilla de la maternidad. Se me ocurre que allí, en ese amor, germinó esta historia. Todo triunfo importante se gesta despacio y no se logra sin esfuerzo y pasión. 

   A nuestro vecino Pablo la voz se le ilumina cuando habla. Me alegra tanto oírlo que escucho la grabación otra vez para regodearme con ese matiz de orgullo y alegría que la empapa. De Gabi, basta la foto. Abrazo sublime.
  Luly, la que ama las milanesas con papas fritas, la que le gusta tocar la guitarra y prefiere mirar Netflix en casa que ir al boliche, y venía soñando con subirse al podio olímpico, ¡lo logró con creces! Pasión y perseverancia dejando la vida en la arena y transmitiendola aquienes, como yo, nunca habíamos mirado un partido de beach handball. 

   Su papá Pablo, en la imagen a la derecha, me relata el esfuerzo. "Fue un trabajo muy largo de Luly. Viene soñando desde chiquita. En 2014 empezó en la selección  de Indor. Por estas cosas del deporte se decidió que la selección que jugara sería la de beach handball, y no se practicaba acá, así que empezaron todas a aprender. Luli volvía de una lesión y le costó un poco más que a las otras chicas."  Y, como suele pasar con los deportistas que encuentran alguna piedra en el caminola trasforman en aliento y termina siendo la oportunidad de ser mejor.  "El año pasado, antes de ir al mundial de Mauricio en que salieron terceras del mundo, fue elegida con su compañera como las mejores del mundo" 

  Luego nuestro vecino agrega algo que Luly habrá escuchado bastante, pero esta vez dirigido a los padres para que acompañen a sus hijos, les enseñen a no bajar nunca los brazos, que sepan que es mucho sacrificio, que nada viene regalado y que para los chicos solos es muy difícil.  
  Luly de oro tienen una familia de oro detrás. Y eso nos pone contentos. Ya, hasta podemos considerarnos un barrio de oro, pero eso sería apropiarse de lo ajeno. ¡Gracias por tanta alegría! ¡Y felicitaciones otra vez!