Amigos son los amigos

No por casualidad la celebración del día del amigo se inició en la Argentina, somos amigueros por excelencia, los argentinos hacemos de la amistad un culto. El iniciador, como todos saben, fue el profesor, músico y odontólogo argentino Enrique Febbraro, después que los astronautas Neil Amstrong, Edwin Buzz Aldrin y Michael Collins llegaran a la luna un 20 de julio de 1969. ¡Ya cincuenta años de aquel suceso! Los mayores recordamos con emoción ese día, pegados a los televisores blanco y negro, pendientes todos de sus suerte, nos sentimos amigos de los astronautas y del universo entero.

El profesor, también rotario, que no es un dato menor, era oriundo de Lomas de Zamora pero bien podría haber sido martelliano, ¿no? ¿Quién no celebra en nuestro barrio el día del amigo? Con o sin regalos, en casa o en el bar, con un té o con un asado, todos nos juntamos ese u otro día. Porque para la amistad no hay días y porque cada cual tiene varios grupos de pertenencia con quienes festejar. Porque amigos existen de todos los colores y matices.

La amistad es una de las relaciones más ricas. Es diversa, amplia y elegida.

Escribió  el  escritor Eduardo Galeano: “En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.

En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...

-Llave, por llave -me dice Mario Benedetti.

Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.”

  Es reconfortante transcribir textualmente a Galeano, sentir identificación con sus palabras. Puede que no hayamos vivido una situación en la que nos jugáramos la vida pero seguro que ¡alguna vez nos salvó un amigo! El que nos prestó un dinero, el que nos abrazó, el que nos escuchó, la amiga que nos cuidó a los chicos o la que nos hizo un té digestivo.

¿Cómo se hace un amigo? Sin darte cuenta, en cualquier sitio, en la escuela, en el bar, en la cancha, en la oficina, en la parroquia, en la otra cuadra, en la esquina o en la otra ciudad, en internet o en la biblioteca, en un curso o practicando deportes, sólo hace falta disposición.

En nuestro barrio es frecuente mantener las amistades que cosechamos en la primaria y las amistades entre vecinos son vínculos tan fuertes como los de sangre, ¿o más? Los hay de todo tipo.

Seguramente, cada cual, pensará en sus amigos, los que tiene, los que partieron, los que vendrán, los que están todos los días y los que se comunican por teléfono o mensajes.

A todos,

¡un abrazo apretado y sentido!