La torre, testigo de la historia de un barrio

   Lujazo enorme: alegría de presentar un libro de mi admirada Alicia Irene Rebollar nada menos que en la querida Biblioteca Froilán González de la mano de Lucila Satti. Una obra muy cuidada, bella desde su tapa minimalista y vivaz. Por suerte el entusiasmo me opacó el nerviosismo por la responsabilidad y las ganas de transmitir con exactitud lo valioso que te podés encontrar al sumergirte en la lectura. Nadar por sus páginas es un ejercicio que volveré a hacer. Alicia, como antropóloga apasionada que es realizó un fuerte trabajo de investigación bien documentado, claro y poderoso. ¡Cuánto más sencillo que es contártelo tecleando, barrio querido! Mucho mejor que sentarse frente a un auditorio es hablarte a solas mientras tomo el café con leche.

  Mucho mejor cuando la magia de la tecnología y la generosidad del fotógrafo Carlos José Nava me acercan con rapidez estas preciosas imágenes. 

  Es bueno contar con una biblioteca que está viva, encontrarse con gente que ama la historia y la memoria, que se interesa por el detalle, la anécdota, el dato preciso, el compartir, el buscar lo que hay detrás del espacio en que vivimos en estos barrios tan jóvenes como vos, mi Martelli. 
   Luego de la presentación "formal" siguieron las preguntas y se hizo más grande el lujo de tenerla a Alicia respondiendo y abriendo, incluso, nuevos caminos en las respuestas, tanto sobre el texto como sobre la observación de las imágenes que recogió para ilustrar y las que no pudo encontrar.  

    Estamos hechos de historias, no hay dudas, y recrearnos en las de nuestros vecinos nos eleva. No tenemos la Torre Ader por aquí pero compartimos ese pasado reciente que se desgrana a través de las páginas. Quintas extensas y luego fábricas, muchas, con sus épocas de esplendor y de caídas. La torre siempre testigo de los nuevos talleres y empresas, de los problemas sindicales, de las idas y las venidas de un pueblo laborioso. Inmóvil pero con vida, rescatada por el municipio y también por las letras. 

  Vecino martelliano, no te quedes con el comentario, buscá un ejemplar de "La torre Ader erguida entre fábricas y chalecitos" y sentate a disfrutarla.