Taller en "La Froilan"

  Y ahí estamos todos los que pudimos asistir, mirando hacia varias cámaras simultáneas, cada cual una, casi dispersos entre tantos flashes externos e internos. Fin del taller de autobiografía y ganas enormes de continuarlo el próximo año. 

  "Me llevo cada cosa, gesto, palabra conmigo, en el corazón" escribió junto a las imágenes nuestra profesora Verónica Pérez Arango, la que nos sorprendió con un taller increíble que superó expectativas individuales. 

  La vida está hecha de fragmentos, cada uno de nosotros somos mixtura de ellos, mientras recorro los textos seleccionados por la profe y los de producción propia, revivo instantes de alegría. Leer y escribir para recordar, frase repetida nunca mejor empleada.

Desfilaron los grandes escritores en una rica selección realizada por nuestra profe que voy a repasar con tiempo durante el mes de enero. Fueron páginas que estimulan a seguir leyendo e inspiran textos propios . El género autobiográfico no está reservado para la "gente importante" . Muchos de nosotros habíamos escrito un diario íntimo en alguna etapa de nuestra vida. En un espacio muy bien creado y cuidado cada cual narró aquello que quiso. De perfectos desconocidos pasamos a ser cercanos en la diversidad de cada uno.

Caminamos descalzos y con respeto por el corazón de cada quien que se abría más en tanto avanzábamos en las consignas de cada semana. Hubo risas y lágrimas, igual que en la vida. 

  La lectura colectiva resultó una muestra pequeña de todo lo trabajado en los escasos encuentros. Queremos seguir, era el comentario general, ¡y con los mismos compañeros! Risas, abrazos largos, empatía y agradecimiento. 

  Ojalá no quede en la expresión espontánea de quien se siente a gusto y, como consecuencia, aspira a alargar aquello que le produjo satisfacción. Ojalá se haga realidad y volvamos juntos a sentarnos, lapicera y papel en mano, de cara al hermoso patio de nuestra biblioteca martelliana que cada día crece, muy al revés de lo que pudiera suponerse en los tiempos que corren. 

 Ojalá, mi descapotable rosa siga transportando mi cuerpo y mi alma por tantos sitios queridos, cada vez más queridos si eso es posible. 

  Ojalá su canasta se siga llenando de libros nuevos y antiguos para releer. 
  Ojalá queden muchas rodajas de pan lactal. (Me apropio de una exquisita analogía de un compañero. ¡Qué monstruos todos!  )

   Pedalear y escribir por muchos años más. Recibir esa oleada de energía que supone intercambiar textos grandes y poder expresar con orgullo que nuestra biblioteca está viva, barrio querido, para los chicos, para los jóvenes, para todos los que conserven intacto el entusiasmo por las letras que narran.