Galletitas que serán sonrisas

  Abrir un paquete de harina es descubrir la magia, mucho más cuando el Profe Ruben Luciano, el Merli de Fundación Camino, despliega su experiencia. 

  Te cuento, barrio querido, esta foto es la selfie de la alegría final por la labor terminada. De derecha a izquierda: Luis Valor, Verónica Lomongiello, el profe Ruben , su señora Graciela, Mónica Balladore, la profe Roxana Cañete y Nayla Passos.

  Siendo las 14 hs del 3 de enero, con bastante calor por cierto para caminar por tu soleada Laprida, barrio querido mío, el profe ya había abierto la puerta y preparado todos los enseres. Arriba, seguro inmersa en alguna que otra de sus ideas creativas para sus alumnos, estaba la profe Roxana, ¡y mirá que vienen de lejos, ellos no son vecinos! Son regalos que nos ha dado la vida, son profesores de la mejor madera, entraña de generosidad que se estira al mes de enero cuando el descanso es merecida compensación. 

  Sin libro ni machete, la receta básica fue plasmada en un instante en el pizarrón y fotografiada por todos nosotros mientras escuchábamos atentos los abundantes secretos referidos especialmente a amasar en diferentes temperaturas. 

   Y el milagro cotidiano se repitió, la harina se convirtió en masa dúctil. Dulce de membrillo, praliné, cacao, coco, experiencia y creatividad se juntaron con las ganas de crear algo rico para que los chicos tuvieran una deliciosa merienda de Reyes. 

   Manos y corazones unidos, alguien que imaginó, una idea que surgió, otro que se unió, y el eslabón que pasó el dato del comedor Generando sonrisas de Olivos. 

 

 

Y la masa se estiró, se cortó, se hizo bolita con cavidad para el dulce y se convirtió en pepas.

 

A su lado se tiñó de marrón, y más allá se tornó corazón sobre la amplia superficie de madera. 

 

Las irregularidades de las masitas comenzaron a generar sonrisas en nosotros antes de llegar a la mesa de los chicos. 

 

 

 

 

 Mientras las manos ubicaban el molde y cortaban, el corazón interno visualizaba otros, los de los chicos destinatarios. 

 

Al milagro de la harina sólo le estaba faltando el calor del horno para la conversión en galletitas.

 Nosotros, como vueltos a ese reino de la niñez que espera a los Reyes Magos, felices seguíamos llenando las asaderas con nuestras producciones, el cuerpo del aroma que exhalaba el horno y el alma de alegría .

  Terminamos con casi seiscientas galletitas para el comedor Generando sonrisas que ya fueron entregadas. MIL KILOS DE SATISFACCIÓN POR HABER PARTICIPADO.